- El abstencionista deseará votar por encima de todas las cosas. Si no lo hace es debido a la clamorosa falta de altura moral de los candidatos a los cargos electos.
- El abstencionista otorgará a todo político en todo momento con la presunción de culpabilidad. Si parece honrado es sólo porque no ha tenido todavía la posibilidad de aprovecharse de su cargo, o porque no ha ocupado cargo alguno.
- El abstencionista respetará a los seres humanos que depositan papeletas en urnas los días de elecciones, cualesquiera que sean las opciones que reciban ese voto. El abstencionista, además, se compadecerá de ellos.
- El abstencionista se mantendrá siempre puntualmente informado de la actualidad política. Es imprescindible conocer bien al enemigo.
- El abstencionista cumplirá las leyes vigentes, pagará sus impuestos y se someterá con respeto a los deseos de la mayoría de los seres humanos de los que se compadece. El Abstencionismo no predica la anarquía, sino la desconfianza.
- El abstencionista repudiará todo acto criminal o violación de las leyes vigentes.
- El abstencionista podrá haber votado en el pasado, considerándose este acto un pecado de juventud. Sin embargo, una vez recibido el bautizo del Abstencionismo, el acto de voto a favor de un partido político supondrá la expulsión inmediata de la organización.
- El abstencionista no predicará el Abstencionismo a sus congéneres. El Abstencionismo deberá acudir cual luz cegadora al futuro abstencionista (en algunas ocasiones la manifestación del abstencionismo se ha producido mediante otros medios, especialmente de día). Se permiten, e incluso se sugieren, en cambio, las opiniones acerca de la actividad política y anexos, como los medios de comunicación y la Historia.
- El abstencionista hará acopio de provisiones de cara a no abandonar su domicilio durante la jornada electoral. Y se quedará en su sillón siguiendo con atención dicha jornada por encima de todas las cosas, excepto de su deseo de votar.