Un mes para las elecciones, y la suerte todavía no está echada, cosa que ha pasado muy poquitas veces. El Abstencionismo denuncia, antes de nada, que nos añadan a la Asociación por la fuerza a un montón de hijos de puta que irían a votar si pudiesen por otros hijos de puta. Eso de “no estás porque no te miro” no nos cuadra excesivamente en todo este tema de la democracia. Así que debemos situarnos al lado de los militantes por los partidos que roban, malversan, nos toman el pelo, enchufan, mienten, viven del cuento, se ríen del ciudadano y la mitad son más tontos que mear contra el viento pero no van por ahí matando a nadie. Y Pernando y sus amigos los que se peinan igual no forman parte, ni formarán nunca parte de los verdaderos abstencionistas. Quede claro.
El tema de hoy es otro, de todas formas. El Abstencionismo no podía sino sentir cierta simpatía hacia Mariano Rajoy. Tanta pena nos daba el pobre que nos solidarizábamos con su actitud de político centrista centrado en los problemas económicos del pueblo llano, concentrado en no caer en ninguna de las trampas que le iban dejando en el camino tanto los suyos como los de enfrente. Nos podíamos imaginar su chakra: “No, Mariano, eres centrista, a la derecha el abismo”. Dos largas semanas ha aguantado Rajoy la llamada de la selva, el ruido de sables desde el monte. “Economía, economía, economía. O eso o no gano.”
Dos semanas con los obispos dando por el culo, con los socialistas jodiendo, con Federico bramando, con Esperanza tocando los huevos, con Zaplana siendo Zaplana. Y Mariano ahí, impasible el ademán, con el discurso centrado, con Joan Costa escondiéndole los periódicos y la radio, yéndose de putas todas las noches para desfogar la rabia contenida de todo el día. Y las encuestas respondiendo: empate técnico. “Con las cifras del paro y el IPC de febrero y otra bajadita de la bolsa, esto está en el bote. Nada de terrorismo, Severo Ochoa era un tío muy majo y muy viejo y el doctor Montes no sé quien es.”
Pero dos semanas son mucho tiempo. Y al final le han liado. Se ha metido en el lodazal de la inmigración, que es un tema que todavía no se puede tocar en este país. Y no ha metido el pie, no. Está buceando. Y es que el enfoque ha sido muy malo, porque parece que todas las leyes propuestas son para que los musulmanes no hagan lo que hacen, como si los sudamericanos fuesen santos varones que no tocan los cojones, o los chinos no formasen parte del mundo, o los subsaharianos solo viniesen a boxear vestidos de futbolistas. Todo contra los musulmanes. Y el mensaje que subyace: los inmigrantes solo sabrán robar cuando llegue la crisis, y los musulmanes peor, esos jugaran a ponernos bombas. Y así las cosas, un examen de ciudadanía y un carnet por puntos nada más bajar de la patera (o el cayuco, que la cosa no está muy clara). Y se acabó el centro. Y otra vez tres puntos abajo en las encuestas. Y como no lo enderece, a palmar el 9-M.
Porque esta derecha que nos ha tocado vivir estos últimos años eligió al hombre adecuado, pero el hombre adecuado se rodeó de un equipo viejo, caduco y extremista. Y ahora se ha demostrado que es demasiado tarde para cambiar el rumbo. En el pecado llevará la penitencia, porque si pierde, y todo parece indicar que va a perder, estas serán sus últimas elecciones. Estará interesante ver hacia donde tira la derecha esta vez.